Las relaciones médico-paciente son una parte integral principal de la ética médica en general y de la de Odontología en particular. Ello explica el carácter específico del oficio del médico, al que el enfermo le confía voluntariamente, con esperanza, su salud y su vida; le confía todo, incluso lo más íntimo. Esta confianza sin límites del enfermo al médico le exige a este último tener altas cualidades morales. El paciente no es solo un objeto de influencia profesional, sino también, y en primer lugar, un sujeto racional, es una personalidad. Él no es indiferente a los problemas de su propio bienestar físico y psíquico, y quiere comprender la esencia de los procesos fisiológicos y patológicos que transcurren en su organismo.
El profesional de la salud, por tanto, debe ser consciente de que su relación profesional interpersonal debe estar caracterizada por:
- El respeto que inspira su investidura técnica es una profesión de alto prestigio social.
- La expectativa por parte de la población de que manifieste un comportamiento adecuado con su alta responsabilidad.
- Su condición de piedra angular en prestación de un servicio de gran significación humana, como es promover o restablecer la salud.
- Demandar una constante disposición a la relación de ayuda, sin aspiración de reciprocidad.
- Requerir del facultativo el planeamiento cuidadoso de cada una de sus acciones para evitar errores de altas potencialidades iatrogénicas.

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